13.11.14

Sweet Thing #1: Sweet Thing, de Renée Carlino

Sinopsis:
Mia Kelly, de veinticinco, parece una modelo de Gap que cree tener la vida resuelta, pero la muerte repentina de su padre la aleja de la tranquila Ann Arbor a la bulliciosa East Village en la ciudad de Nueva York. Allí descubre el espíritu de su padre por la vida y el legado que dejó tras él con la ayuda de un antiguo café, unos cuantos amigos excéntricos y un músico encantador.
Will Ryan es guapo, poético, espontáneo y está a punto de ser famoso cuando conoce a Mia, su nueva casera, musa y rompecorazones personal.
Una historia de autodescubrimiento y amistad, Sweet Thing desvela el poder de amar y dejar ir.

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11.11.14

Pushing the limits #4: Take me on, de Katie McGarry

Sinopsis:
Luego de una trágica noche, Haley, campeona del Kick Boxing, juró que nunca pisaría de nuevo un ring. Pero entonces, el chico que no puede sacar de su cabeza, acepta una pelea de artes marciales variadas en su honor. De pronto, Haley debe entrenar a West Young. Lleno de actitud, West representa todo con lo que Haley juró nunca mezclarse. Sin embargo, no duraría ni cinco segundos en el ring sin su ayuda.
West le oculta un enorme secreto a Haley, sobre quién es en realidad. Pero ayudarla, luchar por ella, es un acto de redención. Especialmente ya que la culpa de que su familia se esté desboronando recae sobre él. No puede cambiar el pasado, pero quizá pueda cambiar el futuro de Haley.
Ambos prometieron mantener su relación estrictamente en el ring. Pero mientras un inesperado lazo se forma entre ellos y la atracción se burla de sus intenciones, tendrán que enfrentarse a sus miedos más oscuros, y descubrir que por amor vale la pena luchar.

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9.11.14

Pushing the limits #3: Crash into you, de Katie McGarry

Sinopsis:
La chica con notas sobresalientes, ropa de diseñador y una vida perfecta—eso es lo que la gente espera que Rachel Young sea. Por esa razón, la estudiante de tercer año de escuela privada le oculta secretos a sus padres adinerados y agobiantes hermanos… y justo acaba de añadir dos más a la lista. Uno de ellos tiene que ver con competir con extraños en carreras clandestinas con su Mustang GT por la región rural de la ciudad. ¿El otro? Isaiah Walker, un chico de diecisiete años—alguien con quien no debería si quiera hablar. Pero cuando el chico adoptivo con tatuajes e intensos ojos grises acude a su rescate, no puede sacarlo de su mente.
Isaiah tiene secretos también. Respecto a dónde vive, y sobre lo que en verdad siente por Rachel. Lo último que necesita es involucrarse con una chica rica que quiere visitar los barrios bajos de la parte sur de la ciudad sólo por diversión-sin importar lo angelical que pueda parecer.
Pero cuando su mutuo amor por las carreras clandestinas pone en peligro sus vidas, tienen sólo seis semanas para pensar en alguna forma de salir de ese problema. Seis semanas para descubrir exactamente cuán lejos están dispuestos a ir para salvar al otro.

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4.11.14

Too Far #4: Rush too far, de Abbi Glines

Sinopsis:
Todo el mundo en Rosemary Beach cree saber cómo Rush Finlay y Blaire Wynn se enamoraron. Pero Rush está de regreso para contar su lado de la historia…
Rush se ganó a pulso su reputación de chico malo. La enorme casa en la playa, autos lujosos y una fila de chicas rogando pasar tiempo entre sus sábanas es lo que lo convierte en el chico más envidiado de Rosemary Beach, y Rush puede manejar todo con la despreocupación de ser el hijo de una estrella de rock. Todo lo que necesita es a su mejor amigo Grant y su hermana Nan.
Hasta que Blaire Wynn llegó a la ciudad en su camioneta destartalada y una pistola oculta debajo del asiento. Esa chica de Alabama atrapa al instante la atención de Rush, pero una vez que descubre que esa belleza angelical es su nueva hermanastra decide mantener su distancia. Incluso si ella necesita su ayuda. Incluso si él la anhela.
Cuando Rush descubre porque Blaire está sola en el mundo, es obligado a pedirle ayuda al padre que la abandonó tres años atrás. Y sabe que si se acerca demasiado a ella podría destruir a Nan, quien tiene una conexión secreta con Blaire.
Él tiene todas las razones del mundo para mantenerse alejado de ella. Pero no puede evitarlo.

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Kundera tenía razón

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Sí, Teresa: "La felicidad es el deseo de repetir."

2.11.14

Four Summers, de Nyrae Dawn

Sinopsis:
Charlotte Gates está cansada de ser Charlie Rae. A ella le encanta el lago en donde se crió, sus cabañas de alquiler y pasar sus noches bajo las estrellas... pero por dentro anhela más.
Después de su primer año, la familia de Nathaniel Chase pasa su primer verano en La Aldea. Desde el principio, a Charlotte le intriga. Ella es la chica que siempre dice lo que está en su mente, gana en los juegos nocturnos y, cada vez que mira a través de su telescopio, se pierde en el cielo.
En el transcurso de cuatro veranos juntos, Charlotte y Nathaniel se convierten en mejores amigos, comparten primeras veces, reparan corazones rotos, protegen los secretos del otro, superan tragedias... se enamoran. Y dicen adiós...
Charlie quiere salir de La Aldea. Nate quiere que ella tenga sus estrellas. Y ellos sueñan con ser capaces de hacer todo eso juntos. Pero la vida no es tan fácil como sus veranos. Viaja con ellos y sus amigos mientras comparten su historia acerca de crecer, descubrir quiénes son, tomar decisiones difíciles y enamorarse una y otra vez.

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29.10.14

Es imposible amar objetivamente

"Teresa sabía que nunca nadie más volvería a mirarla así." Milán Kundera.

A Lulú.

Un día, después de comer (es decir, cuando ambos tenían dos horas de tiempo libre para sí mismos), fueron los tres a dar un paseo a la ladera detrás de su casa.—No me gusta cómo corre —dijo Teresa. Karenin cojeaba de una pata trasera. Tomás se agachó y le miró la pata. Descubrió en el muslo un pequeño bulto.

Al día siguiente lo sentó a su lado en el camión y se detuvo en el pueblo más próximo, donde vivía el veterinario. Volvió a visitarlo al cabo de una semana y regresó con la noticia de que Karenin tenía cáncer.

Tres días más tarde lo operó él mismo con el veterinario. Cuando lo trajo a casa, Karenin aún no se había despertado de la anestesia. Yacía junto a la cama en la alfombra, tenía los ojos abiertos y se
quejaba. En el muslo tenía los pelos afeitados y una cicatriz con seis puntos.

Trató de incorporarse. Pero no pudo.

Teresa se asustó, pensó que ya no iba a volver a andar.

—No temas —dijo Tomás—, aún está bajo los efectos de la anestesia.

Trató de levantarlo pero le lanzó una dentellada. ¡Jamás había intentado morder a Teresa!

—No sabe quién eres —dijo Tomás—, no te reconoce.

Lo pusieron junto a la cama y se durmió rápidamente. Ellos también se durmieron.

Eran las tres de la mañana cuando de pronto los despertó. Movía el rabo y pisoteaba a Teresa y Tomás. Jugaba con ellos salvaje e insaciablemente.

¡Jamás los había despertado! Siempre esperaba a que uno de ellos se despertase antes de atreverse a saltar a su cama.

Pero esta vez no había sido capaz de controlarse al volver plenamente en sí, en medio de la noche. ¡Quién sabe de qué lejanías habría vuelto! ¡Quién sabe con qué fantasmas habría luchado! Al ver ahora que estaba en casa y reconocer a sus seres más próximos, tenía que comunicarles su terrible alegría, la alegría del regreso y del renacer.

...

Teresa acaricia constantemente la cabeza de Karenin, que descansa tranquilamente sobre sus rodillas. Para sus adentros dice aproximadamente esto: No tiene ningún mérito portarse bien con otra persona. Teresa tiene que ser amable con los demás aldeanos porque de otro modo no podría vivir en la aldea. Y hasta con Tomás tiene que comportarse amorosamente, porque a Tomás lo necesita.

Nunca seremos capaces de establecer con seguridad en qué medida nuestras relaciones con los demás son producto de nuestros sentimientos, de nuestro amor, de nuestro desamor, bondad o maldad, y hasta qué punto son el resultado de la relación de fuerzas existente entre ellos y nosotros.

La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales. Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.

...

Sigo teniendo ante mis ojos a Teresa, sentada en un tocón, acariciando la cabeza de Karenin y pensando en la debacle de la humanidad. En ese momento recuerdo otra imagen: Nietzsche sale de su hotel en Turín. Ve frente a él un caballo y al cochero que lo castiga con el látigo. Nietzsche va hacia el caballo y, ante los ojos del cochero, se abraza a su cuello y llora.

...

Además al día siguiente pareció mejorar. Almorzaron. Era el momento en que los dos disponían de una hora de tiempo libre y solían sacarlo a pasear. El lo sabía y siempre correteaba inquieto a su alrededor. Pero esta vez, cuando Teresa cogió la correa y el collar, no hizo más que mirarlos y no se movió. Estaban frente a él, tratando de parecer alegres (por él y para él), procurando levantarle un poco el ánimo. Al cabo de un rato, como si se hubiera compadecido de ellos, se les acercó saltando sobre tres patas y dejó que le pusieran el collar.

—Teresa —dijo Tomás—, ya sé que odias la máquina de fotos. ¡Pero hoy deberías cogerla!

Teresa obedeció. Abrió el armario para buscar la perdida y olvidada cámara de fotos y Tomás añadió:

—Algún día nos alegraremos de tener fotos de él. Karenin ha sido parte de nuestra vida.

—¿Cómo que ha sido? —dijo Teresa como si la hubiera mordido una víbora.

La cámara yacía ante ella en el fondo del armario pero no se agachó a cogerla:

—No la llevo. No quiero pensar en que Karenin ya no estará. ¡Tú ya hablaste de él en pasado!

—No te enfades —dijo Tomás.

—No me enfado —dijo Teresa sin irritarse—. Yo ya me he sorprendido tantas veces pensando en él en pasado. Ya me he tenido que reprimir a mí misma tantas veces. Y precisamente por eso no cogeré la cámara.

...

De la confusa mezcla de estas ocurrencias, crece ante Teresa una idea blasfema de la que no puede librarse: el amor que la une a Karenin es mejor que el que existe entre ella y Tomás. Mejor, no mayor. Teresa no quiere culpar a Tomás ni culparse a sí misma, no pretende afirmar que pudieran quererse más. Pero le da la impresión de que la pareja humana está hecha de tal manera que su amor es a priori de peor clase de la que puede ser (al menos en su caso, que es el mejor) el amor entre una persona y un perro, esa extravagancia en la historia del hombre, probablemente no planeada por el Creador.

Es un amor desinteresado: Teresa no quiere nada de Karenin. Ni siquiera le pide amor. Jamás se ha planteado los interrogantes que torturan a las parejas humanas: ¿me ama?, ¿ha amado a alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.

Y algo más: Teresa aceptó a Karenin tal como era, no pretendía transformarlo a su imagen y semejanza, estaba de antemano de acuerdo con su mundo canino, no pretendía quitárselo, no tenía celos de sus aventuras secretas. No lo educó porque quisiera transformarlo (como quiere el hombre transformar a su mujer y la mujer a su hombre), sino para enseñarle un idioma elemental que hiciera posible la comprensión y la vida en común.

Y luego: El amor hacia el perro es voluntario, nadie la fuerza a él. (Teresa piensa nuevamente en su madre y todo le da lástima: ¡Si la madre fuera una de las desconocidas de la aldea, es posible que su alegre brusquedad le resultara simpática! ¡Ay, si la madre fuera una persona extraña! Teresa se avergonzó desde su infancia de que la madre hubiera ocupado los rasgos de su cara y confiscado suyo. ¡Pero lo peor era que el antiguo imperativo «¡ama a tu padre y a tu madre!» la obligaba a estar de acuerdo con aquella ocupación y a llamar a aquella agresión amor! La madre no tenía la culpa de que Teresa hubiera roto con ella. No rompió con ella porque la madre fuera como era, sino porque era la madre.)

Y lo principal: Ninguna persona puede otorgarle a otra el don del idilio. Eso sólo lo sabe hacer el animal, porque no ha sido expulsado del Paraíso. El amor entre un hombre y un perro es un idilio. En él no hay conflictos, no hay escenas desgarradoras, no hay evolución. Karenin rodeó a Teresa y a Tomás con su vida basada en la repetición y eso mismo era lo que esperaba de ellos.

Si Karenin hubiera sido un hombre y no un perro, seguro que hace tiempo ya que le hubiera dicho a Teresa: «Haz el favor, estoy aburrido de llevar todos los días el panecillo en la boca. ¿No puedes inventar algo nuevo?».

En esta frase está encerrada toda la condena que pesa sobre el hombre. El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir.

Sí, la felicidad es el deseo de repetir, piensa Teresa.

...

Karenin pasó la noche quejándose. Cuando Tomás lo auscultó por la mañana, le dijo a Teresa: «Ya no esperaremos más».

Era de madrugada, pronto iban a tener que irse los dos de casa. Teresa entró en la habitación a ver a Karenin. Hasta entonces había estado acostado sin moverse (ni siquiera le había prestado atención a Tomás mientras lo auscultaba) pero ahora, al oír que se abría la puerta, levantó la cabeza y miró a Teresa.

Era incapaz de soportar aquella mirada, casi la asustaba. Nunca miraba así a Tomás, así sólo la miraba a ella. Pero nunca con tanta intensidad como esta vez. No era una mirada desesperada o triste, no. Era una mirada de terrible, insoportable confianza. Aquella mirada era una ansiosa interrogación.

Toda la vida había esperado Karenin la respuesta de Teresa y ahora le comunicaba (aún con mayor urgencia que nunca) que seguía preparado para oír de ella la verdad. (Todo lo que proviene de Teresa es para él verdad: incluso cuando le dice «¡siéntate!» o «¡acuéstate!», para él éstas son verdades con las que se identifica y que le dan sentido a su vida.) Aquella mirada de terrible confianza fue breve. Al cabo de un momento volvió a apoyar la cabeza sobre las patas. 

Teresa sabía que nunca nadie más volvería a mirarla así.